ESPECIAL #14N HUELGA GENERAL

MI CLASE ES LA OBRERA, FUERTE Y LUCHADORA. HUMILDE Y SUFRIDORA. HARTA Y CABREADA. LA CLASE CIUDADANA ES ABURGUESADA Y CONFORMISTA. COLABORACIONISTA Y CONSUMISTA. OBRERO ES MI CASO… OBRERO ES MI FRENTE Y MI ESPÍRITU DE COMBATE

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El Esquirol

Cuando dios creó la culebra de cascabel,
el sapo y el vampiro,
le quedó cierta cantidad de terrible sustancia,
con la que hizo al esquirol.

El esquirol es un animal bípedo
con el alma en forma de espiral,
los sesos líquidos
y el espinazo mezcla de jalea y de cola,
Donde otros tienen corazón,
él tiene un tumor de principios podridos.

Ningún hombre tiene derecho a ser esquirol
mientras hay un charco de agua para ahogarse
y una soga lo bastante larga para ahorcarse.

Judas Iscariote fue un gentleman
en comparación con el esquirol.

Al traicionar a su maestro,
no le faltó carácter para ahorcarse.

Y el esquirol no lo tiene…


El esquirol
traiciona a su dios,
a su mujer,
a su familia
y a su clase.

–Jack London

 

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Los hermanos Lumière ya filmaron a unos obreros saliendo de una fábrica, pero desde entonces hasta ahora, el abuso capitalista, las huelgas o el paro han inspirado películas tan conocidas como “Las uvas de la ira”, “Metrópolis”, “Recursos humanos”, “Mi nombre es Joe” o “Los lunes al sol”.

Después de los Lumière, en los albores del séptimo arte, fue la Rusia postrevolucionaria la responsable de crear las primeras obras maestras del cine que miraba al trabajador. Basta la filmografía de Sergei Eisenstein para encontrar una cuantas: “La huelga”, “El acorazado Potemkin” u “Octubre” reivindicaban la fuerza del proletariado unido en la época del cine mudo.

En Alemania, Fritz Lang coronaba su época expresionista con “Metrópolis”, filme ambientado en el siglo XXI en el que el realizador vaticinaba, sin andar del todo desencaminado, una sociedad mecanizada y privada de libertades, en pos de una oligarquía derrochadora.

Y en Hollywood, sin palabras,  Charles Chaplin se rebelaba contra el progreso y denunciaba la alienación del trabajador en la cadena de montaje en “Tiempos modernos”.

La Gran Depresión se tradujo en filmes como  ”Los viajes de Sullivan” o “Las uvas de la ira”, dirigida por John Ford y basada en el libro de John Steinbeck, análisis de cómo pagan los desmanes de una sociedad derrochadora los que nunca disfrutaron la opulencia.

Aunque la película es de 1940, unos años más tarde, cualquier referencia al obrero y sus reivindicaciones sería tabú por vincularse al comunismo, objetivo a perseguir por el Comité de Actividades Antiamericanas durante la Caza de Brujas

Herbert J. Biberman fue uno de los realizadores encarcelados, pero en 1954 consiguió rodar en Nuevo México “La sal de la tierra”, película de un realismo cercano al documental considerada hoy una obra maestra sobre las injusticias laborales y el derramamiento de sangre en las protestas obreras, donde los protagonistas eran unos mineros, profesión especialmente castigada que también inspiró “Odio en las Entrañas”, de Martin Ritt, o la adaptación de “Germinal”, de Èmile Zola, realizada por Claude Berri.

En Francia, Jean-Luc Godard, tras fundar la “nouvelle vague” se hizo más radical políticamente y rodó en 1972 “Todo va bien” (Tout va bien), la historia de un matrimonio en crisis que se ve envuelto en una huelga de trabajadores, dilucidando así si la revolución y el amor de pareja son compatibles.

Ya en el siglo XXI, con el auge capitalista y la globalización, Laurent Cantet realizó “Recursos humanos”, sobre los expedientes de regulación de empleo, y “El empleo del tiempo”, basada en el caso de un hombre que se suicidó tras ocultar a su familia durante meses que había sido despedido del trabajo.

Esa temática, tratada de tema más cómica y desembocando en un stiptease, era la misma que sucedía a Tom Wilkinson de “Full Monty”, de Peter Cattaneo, película, que fue un taquillazo mundial con un presupuesto ridículo.

De la filmografía de Ken Loach,  quizá “Mi nombre es Joe” es la más “obrera” de sus abejas, aunque también hay títulos como “En un mundo libre”, “Lloviendo piedras” o “Pan y rosas”.

David Mamet diseccionó la crueldad empresarial para forzar la competitividad entre trabajadores en “Glengarry Glen Close”, algo que permitió a Lars von Trier hacer su única comedia, “El jefe de todo esto”, en la que una empresa contrataba a un actor para despedir a los trabajadores.

En España, Fernando León alcanzó la culminación de su carrera con “Los lunes al sol”, retrato desgarrador de supervivencia y dignidad de un grupo de parados tras el cierre de unos astilleros en Vigo, aunque las dificultades de un país cuando menos espartano durante mediados del siglo XX, se rodó con humor en “El verdugo” o “Esa pareja feliz”, entre otras muchas.

Fuente: http://www.diariodenavarra.es

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