Grecia enseña las caras de la crisis

Atenienses de diferentes ideologías, edades y clases tienen solo un punto en común: el hartazgo hacia su clase política
Luis Doncel Atenas 5 OCT 2011 – 21:06

Antigoni Zygra, desempleada / LUÍS DONCEL

De una estudiante de izquierdas a una jubilada simpatizante del partido ultraconservador y xenófobo Laós. De un inmigrante albanés a un joven profesional preocupado por la tensión que reina en la sociedad. Cada ateniense entrevistado para este reportaje tiene una opinión distinta sobre los motivos que han llevado a Grecia a una de las mayores crisis que recuerdan, pero todos tienen algo en común: el hartazgo y decepción con la casta política que ha dirigido el país desde que recobró la democracia en 1974.

ANTIGONI ZYGRA – Desempleada de 27 años

“Dan igual las elecciones porque las decisiones no las toma el Gobierno, sufrimos una ocupación”

Antigoni Zygra abandonó el país con más paro de toda Europa para irse al que ocupa un segundo lugar en el campeonato del desempleo. Tras cuatro años en Madrid trabajando y estudiando en el sector del cine, esta joven de 27 años se vio sin ocupación y decidió volver a casa. “Todo el mundo me pregunta por qué me he vuelto. Y siempre respondo que la situación en España es tan mala como aquí. Con la diferencia de que allí no tenía la red familiar que tengo en Grecia”, explica sentada en un restaurante ateniense con un castellano perfecto.

En Atenas tiene a favor el apoyo familiar, pero en contra el coste de la vida. “En los últimos tiempos los precios se han disparado. Es cierto que la vivienda es más cara en Madrid. El alquiler de un piso para una persona en un barrio medio puede ser de 300 o 350 euros. Pero la comida, la gasolina y los gastos del día a día son mayores aquí. ¡Es imposible pagar un euro y medio por una caña, como en España. Aquí,cuatro euros es lo habitual”, exclama.

Ella reconoce que ha elegido un sector en el que es difícil meter la cabeza pero, ¿qué puede contar de la gente de su edad? “Una amiga socióloga de 31 años lleva tiempo en paro,pero a veces encuentra algo en Zara reponiendo ropa. Otra es filóloga francesa y tiene la suerte de trabajar en la farmacia de su hermano. Tengo amigos en banca, que estaban bien, pero ahora tienen miedo porque no saben qué va a pasar con la reestructuración financiera. Los que terminaron los estudios hace cuatro o cinco años están mejor, pero mi generación lo tiene más difícil”, responde.Una vez más, la descripción que hace Zygra coincide con la que podría hacer cualquier persona de su edad en España.

Así, no es extraño que,como ella cuenta, la protesta de los aganaktismenoi o indignados se hiciera a imagen y semejanza del movimiento 15-M. “Incluso en la organización intervinieron jóvenes españoles que vivían en Atenas”; recuerda. La tasa de paro oficial supera en Grecia el 16%, frente al 21% de España, pero los expertos coinciden en que la cifra real es bastante mayor y que seguirá en esos niveles unos cuantos años.

Zygra sigue la actualidad política y se nota. Tiene una respuesta elaborada para todas las preguntas. ¿Qué opina de la petición de elecciones adelantadas que hace la oposición? “En el fondo da igual que sean ahora o no, porque las decisiones las toma la troika [la Comisión Europea, el FMI y el BCE]. Tenemos la sensación de que esto es una ocupación oculta por parte de otros países”. ¿Cree necesarios los ajustes que ha adoptado el Gobierno? “Algunas cosas estaban mal y había que cambiarlas. Por ejemplo, es obvio que era necesario reducir el sector público.Pero los sueldos no pueden bajar más. Y es cierto que había pensiones de 7.000euros, pero con los recortes también se perjudica a los que cobran 400”.

Y ¿cree que Europa está siendo injusta con su país? “Cometimos errores, pero ahora parece que somos los únicos responsables. Nos gastamos mucho dinero, sí. Pero parte de ese dinero se destinó al Ejército, para que velara por la seguridad de todo el continente. Las armas y los aviones se los comprábamos a Alemania y Francia, los mismos que ahora nos exigen austeridad”.

YORGOS PAPAYANNIS – Trabaja en un bufete de abogados, 32 años

“Los esfuerzos que hemos hecho hasta ahora han sido inútiles”

Yorgos Papayannis confiesa que se siente un afortunado al cobrar 500 euros por un trabajo a media jornada en un bufete. “Otros que hacen lo mismo reciben 300 euros”, asegura.Tras estudiar Filosofía, a este ateniense de 32 años le quedan los últimos trámites para obtener el título de abogado.

Yorgos Papayannis, 32 años / L. D.

“Llevo esperando semanas, pero las facultades están cerradas por la huelga de estudiantes y no puedo conseguir los papeles”, dice mientras pasa por la Universidad Politécnica, un edificio conocido en la capital porque sirvió de refugio a los opositores en los últimos días de la dictadura militar. “Además de este empleo,tengo que hacer chapucillas para sobrevivir”, confiesa. Algo nada anormal en un país en el que se calcula que la economía sumergida representa el 40% del PIB.

Papayannis sufre los salvajes recortes que está haciendo el Gobierno, pero admite que algunos eran necesarios. “Hacía falta reformar la administración pública. Desde que soy pequeño llevo oyendo hablar sobre lo cara e improductiva que es. Pero justo en este momento, con tanto paro, no podemos soportar 100.000 o 200.000 desempleados más. Las reformas se tenían que haber hecho antes y no ahora de repente, como un tsunami. Este país no ha cambiado nada en 20 años y ahora pretenden cambiarlo todo en 10 días. Excepto el turismo, no tenemos nada que vender”, protesta.

¿Cree que todo esto por lo que está pasando el pueblo griego dejará algo positivo? “Hace dos años pensaba que podía ser una buena oportunidad para cambiar lo que estaba mal. Pero ahora vemos que todos los esfuerzos han sido inútiles. Estamos en el mismo punto, y encima ganamos menos,trabajamos más y pagamos más impuestos. No sé cuándo saldremos de esta. Estamos exhaustos”, continúa este joven que, pese a que en las últimas elecciones votó al partido entonces en el poder, los conservadores de Nueva Democracia,considera “una vergüenza” que el anterior Gobierno mintiera en las estadísticas que enviaba a Europa.

“Estoy decepcionado con todos los políticos. Pero trato de estar tranquilo. Porque veo mucha furia a mi alrededor, y me da miedo que lo destruya todo”, añade. Muchos conciudadanos echan la culpa de lo que está pasando al FMI o a Alemania, pero él no. “Ellos solo hacen su trabajo. Teníamos que haber sido más cuidadosos con el dinero”,responde.

ROSA ZACK – Estudiante de diseño industrial

“Estamos más allá de la depresión”

Rosa Zack, de 25 años,se debate entre dos opciones para cuando termine sus estudios de diseño industrial: irse a cualquier país del mundo donde pueda trabajar en lo que le gusta o montar un proyecto propio en Grecia. Zack está entre esa inmensa minoría de griegos que saca alguna lectura positiva de lo que está viviendo el país. “Es todo muy difícil, pero hay ganas de hacer cosas nuevas. Estamos más allá de la depresión”, asegura.

Rosa Zack, estudiante / L. D.

Con una amplia sonrisa,sentada en el banco de la plaza de Exarchia, dice que la aspiración de muchos jóvenes era hacerse funcionario para tener un buen sueldo trabajando poco. “Antes, era habitual encontrar chicos de 22años que por mentalidad parecía que tuvieran 72. Esto es horrible, pero al menos ahora hay más energía entre los jóvenes. Es lo único bueno de lo que estamos viviendo”, asegura.

La reciente reforma educativa aprobada por el Parlamento ha levantado protestas que han mantenido cerradas las Universidades durante semanas. Zack opina que la nueva ley tiene cosas buenas y malas. Entre las primeras, destaca que se limite la posibilidad de alargar los estudios hasta el infinito. “Se destinaba muchísimo dinero agente que no tenía ningún interés en la Universidad y se limitaba a matricularse a principios de año. Ahora, si la carrera dura cuatro años, hay que terminarla en seis. Creo que es justo”, señala.

Pero el problema es que un sistema educativo que siempre ha presumido de ser gratuito –el Estado griego regala los libros a los estudiantes desde la escuela primaria hasta los estudios superiores- obligue a pagar cada vez por más conceptos. “Nosotros tenemos que comprar programas informáticos,porque los que tenemos en la escuela son muy antiguos. No hay dinero para investigación. Los libros son gratis, pero no sabemos si seguirán siéndolo en unos meses. Nada es seguro”, concluye.

Zack, que en las últimas elecciones votó en blanco, dice que en los próximos comicios volverá a ejercer su derecho. Pero aún no sabe si la papeleta que introduzca en la urna irá de nuevo en blanco o se decantará por algún partido. Solo tiene una cosa clara: no apoyará a ninguna de las dos fuerzas mayoritarias. “Ni Pasok ni Nueva Democracia. Eso desde luego”, afirma rotunda.

STELLE KLIOTI – Funcionaria de 43 años

“Los números importan ahora más que los humanos”

Stelle Klioti es una más entre los centenares de funcionarios que se manifiestan en la céntrica plaza de Klafthmonos. Klioti, que ha pasado más de la mitad de sus 43 años en el área de cultura del Ayuntamiento de Atenas, basa su discurso en criticar un mundo en el que “los números importan más que los humanos”.

Stelle Klioti, funcionaria / L. D.

“Nos han recortado el salario. No podemos vivir con estos sueldos y encima pagar cada vez más impuestos. Tras 24 años de trabajo he pasado de cobrar 2.200 euros a 1.700”, protesta esta mujer que tiene dos hijos estudiantes, uno de ellos fuera de la capital. “No sé con qué pretende el Gobierno crear la riqueza en el futuro.Solo tenemos el turismo y un sector público potente. Pero esto se va a acabar”,protesta.

Klioti, afiliada al sindicato Adedy, mayoritario en la función pública, niega la mayor. Ella no cree ni en la existencia de la crisis. “No nos tragamos lo que se nos está diciendo. No solo desde el Gobierno, sino de todas partes. Protestamos porque han decidido simple y llanamente acabar con nuestra forma de vida”, asegura.

Mientras ella habla,asiente su compañera de manifestación Kerasia Danasi. Ella, tras más de dos décadas como informática en el Ayuntamiento, va a ganar a partir de ahora 700euros frente a los 1.000 actuales. Danasi pronostica para Grecia un proceso de balcanización. “Por culpa del FMI, los trabajadores de aquí nos vamos a parecer más a los de Bulgaria que a los de Europa occidental”, dice indignada mientras despliega las banderas y los silbatos, dispuesta a luchar hasta el final.

ALBAN LOKA. – Inmigrante trabaja en una carnicería

“Ahora vendo la mitad.Si esto sigue así, tendré que irme de Grecia”

Cuando Alban Loka llegó a Grecia hace una década vio un panorama muy distinto al actual. Entonces paquistaníes, egipcios, afganos, bangladeshíes, rusos y muchas otras nacionalidades llegaban a un país con una tasa de paro del 10%, ansiosos por encontrar trabajo. Hoy, con un desempleo oficial del 16%, y del 33% entre los jóvenes, muchos amigos de este albanés de 28 años están volviendo a sus países.

Alban Loka, carnicero

Él no. Él tiene suerte y sigue trabajando en el mercado central. Pese a que ha mantenido su puesto, Loka ha pagado la crisis a su manera: ahora tiene que trabajar mucho más para ganar lo mismo. Sus jornadas en el puesto de carne se han alargado a seis días a la semana, entre 10 y 12 horas cada día. El sueldo sigue igual: 1.200 euros por más de 60 horas semanales.

“Ahora vendemos la mitad. Si la situación sigue tan mal, a lo mejor me tengo que volver a mi país”, dice resignado. Aunque la Grecia que encontró tampoco era para él una fiesta continúa: por su primer trabajo en el mercado cobraba 600 euros al mes.

Loka tiene muy poca relación con los griegos, a los que acusa racismo. “No todos, pero casi todos nos tratan muy mal”, matiza. ¿Qué es lo que más le gusta de Grecia? “La música”, responde sin dudarlo. ¿Y lo que menos? “La gente”, añade con una sonrisa triste.

MARO PANLOU – Jubilada de 75 años

“Alemania nos presta dinero para que compremos sus productos y se queda los beneficios y el empleo; nosotros, el paro y la deuda”

Maro Panlou aúna un malhumor a prueba de bombas y fuertes prejuicios raciales con una vasta cultura y un discurso irónico que a ratos es divertido. Esta jubilada de 75 años vivió en Londres largas temporadas y habla inglés a la perfección. Elegante, almuerza en una terraza frente al Partenón, orgullosa de la herencia cultural de la Grecia antigua.

Dice que los recortes le han hecho perder 240 euros de pensión al mes, y que ahora cobra menos de900. Pero se resiste a hablar de sí misma. Ella quiere centrarse en la situación de su país y en las injusticias que se han cometido con él. “Grecia no tiene amigos en Europa. Y nos vemos forzados a convivir con los peores vecinos de toda la región”, comienza. Como muchos conciudadanos suyos, está convencida de que Alemania y el resto de países que rescataron a Grecia, en lugar de ayudarles, les han echado una mano al cuello.

“Ellos nos prestan dinero, y bien caro, para vender sus productos. Los beneficios y los empleos se quedan en Alemania, pero las deudas y el desempleo vienen aquí. Nosotros no somos filósofos baratos, este país concibió todos los conocimientos, toda la sabiduría humana. No tenemos que aceptar lecciones de democracia de nadie”,dice esta mujer, que al principio prefiere no decirlo, pero acaba declarándose simpatizante del partido de derechas nacionalista y xenófobo Laós, la cuarta fuerza en el Parlamento de Atenas.

¿Cree que la solución es salir del euro? “No. No. Eso lo propone la gente que no piensa. Cometimos dos grandes errores. El primero, pensar que Europa era nuestra amiga. Y el segundo, confiar en esos políticos del Pasok o de Nueva Democracia. Los socialistas dicen que van a reestructurar la función pública, pero no lo pueden hacer porque ahí es donde está precisamente la gente que les vota”, responde.

Panlou insiste en su diatriba contra el país de Angela Merkel. Asegura que Alemania debe a Grecia170.000 millones de euros –“sin intereses, sin intereses”, repite- como indemnización por los destrozos que causaron los nazis en la II Guerra Mundial.“Aunque ellos se hacen los sordos y nunca nos van a pagar”, repite justo antes de advertir al periodista que no va a permitir salir fotografiada.

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